"Nos enfrentamos a una serie de oportunidades, brillantemente disfrazadas de situaciones imposibles".
Para hablar del posicionamiento de América Latina en el mundo, sin duda se precisa hablar de la crisis económica, y quizá fue la Comisaria de Relaciones exteriores de la UE, Benita Ferrero Waldner, la que mejor supo resumir la actitud
del común de los ponentes con esta extraordinaria cita del escritor y clérigo norteamericano Charles R. Swindol.
El carácter general de la charla, fomenta un posicionamiento optimista. Por eso fue interesante la intervención de José Miguel Insulza (secretario General de la OEA), que trató de explicar en lo que él llamó "Historia corta", los progresos de América Latina y sus alianzas, dejando patente el trabajo que ha supuesto salir de dos décadas de estancamiento económico, y el papel innegable que tuvo en continente la democratización de España y su entrada en la Unión Europea."Nacer a la democracia supuso las peores dos décadas[...]" (por la década de los 80 y la de los 90).
En este sentido, la intervención de Benita Ferrero había mostrado la visión especular de este fenómeno, relatando el papel que España había cumplido al entrar en la Unión, desde el punto de vista de la propia Europa. España y Portugal, con su democratización y entrada en la UE, eran para Europa un puente a América Latina, que se convertía de esta forma en un continente mucho más cercano a todos los niveles.
Pero esta "Historia corta" de Insulza, tiene un ahora, un hoy que Enrique Iglesias, secretario general iberoamericano, se esmeró en relatar como una "América nueva". "Una Nueva sociedad, mejor y más formada", "Una nueva economía, más pujante, más estable". "Una nueva posición en el mundo", como atestigua el echo de que Brasil y Argentina asistan a las reuniones del G20. Y lo más importante para Iglesias, "Una nueva conciencia de que la región tiene la capacidad y el deber de resolver por sí misma sus problemas"
De cara al futuro, Iglesias abogó por el trabajo conjunto para combatir la crisis, revitalizar el comercio y la modernización, porque "América Latina no ha sido parte del problema, pero sí debe serlo de la solución".
La intervención de Héctor Aguilar, escritor mexicano, retomó la cuestión histórica de una manera más negativa, "La democracia no alcanza para tener estados sólidos y economías eficientes" para Aguilar, "no han existido narrativas que dirijan nuestros países con un rumbo claro y deseado". "No hay liderato político en sentido histórico" salvo en algunos países de la región (probablemente refiriéndose a Venezuela o Bolivia) donde se ha caído en "utopías regresivas" y donde por tanto este sentido histórico no es "para bien".
El escritor relató la cotidianidad latinoamericana desde "la epopeya invisible del trabajo", contando cómo los latinoamericanos se sobreponen diariamente al desempleo, la precariedad, la irregularidad y el trabajo ilegal. "hay que encontrar la manera de darles un papel destacado a los protagonistas de esta epopeya".
Aguilar hizo un relato elogioso del progreso de España desde su democratización, dejando claro que el español, es en su opinión el modelo de progreso que debería seguir América Latina.
La intervención de Isabel Allende sonó algo escasa, pero sin duda fue un bálsamo de idealismo de cara al futuro. "Es fundamental la unidad como iberoamericanos en un mundo globalizado", algo que debería implementarse a través de un "modelo alternativo y propio", en el que sería fundamental el papel del estado para garantizar un "desarrollo sostenible y equitativo".
Las palabras de la diputada chilena tuvieron un correlato más pragmático en la visión de su compatriota Insulza, para el que "El fenómeno de las cumbres es uno de los grandes éxitos de la política contemporánea". Para Insulza, las relaciones entre Europa y España con Latinoamérica tienen algo especial, una suerte de "comprensión y no exclusión", y "La democracia se construye mejor acompañados y comprendidos" .
Redacción Casa de América
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