El Mundo Sevilla. 19/06/2009.- Un congreso debate cómo la Junta Central de Sevilla de 1808 dio voz a los criollos y a la Independencia de aquí siguieron las de allí.
EDUARDO DEL CAMPO/SEVILLA
Sevilla, 22 de enero de 1809. Desde diciembre, los miembros de la Junta Suprema Central celebran en los Reales Alcázares las reuniones de su especie de gobierno en el exilio interior. En mayo de 1808, la monarquía borbónica representada por el rey Carlos IV y su hijo y sucesor, el futuro Fernando VII, ha abdicado en Bayona a favor del emperador Napoleón Bonaparte, su hasta entonces aliado, y las tropas francesas presentes desde meses antes en el país (ésas a las que se había permitido entrar en España en virtud del tratado secreto de Fontainebleau de octubre de 1807 con el objetivo de conquistar entre ambas potencias Portugal) han ocupado Madrid.
Napoleón ha instaurado su dinastía en la capital española coronando como nuevo monarca a su hermano José I. Pero los patriotas españoles se han organizado en las Juntas Provinciales y luego en la Junta Suprema Central para, en ausencia del rey considerado legítimo, asumir la soberanía de la nación española en nombre del pueblo.
Mientras el ejército napoleónico, superada su derrota de Bailén, baja hacia el sur y va cerrando su cerco, la Junta Suprema Central instalada en Sevilla hace un histórico llamamiento a los territorios de ultramar para que participen en las decisiones de este órgano político. Es la primera vez que políticos americanos van a tener voz y voto en un órgano representativo de gobierno, y esta experiencia será un hito en el proceso que conducirá a las independencias de sus países. En estas horas graves, el decreto de la Junta Suprema Central de este 22 de enero apela con tono fraternal a la complicidad criolla:
“Considerando que los vastos y preciosos dominios que España posee en las Indias no son propiamente colonias o factorías como los de otras naciones, sino una parte esencial e integrante de la monarquía española (…) se ha servido S.M. declarar (…) que los reinos, provincias e islas que forman los referidos dominios deben tener representación nacional inmediata a su real persona y constituir parte de la Junta Central (…) por medio de sus correspondientes diputados. Para que tenga efecto esta real resolución han de nombrar los Virreynatos de Nueva España, Perú, Nuevo Reyno de Granada y Buenos Aires y las Capitanías Generales independientes de la isla de Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Chile, Provincia de Venezuela y Filipinas un individuo cada cual que represente su respectivo distrito”.
Cuando muchos de los convocados llegaron meses después, la Junta Central ya se había tenido que mudar el 23 de enero de 1810 a la isla de León, en la gaditana San Fernando, el último reducto no conquistado por las tropas napoleónicas, y seis días después se había disuelto para dar paso al Consejo de Regencia de España e Indias, que organizó las Cortes constituyentes de Cádiz. Los diputados americanos, casi medio centenar, se incorporaron a la asamblea y trabajaron codo a codo con sus colegas ibéricos para alumbrar la Constitución liberal de 1812, inspirada en buena parte en los valores de la Revolución Francesa de 1789.
Dos siglos después de esos días de guerra y revolución, la Universidad Pablo Olavide (UPO) acoge esta semana un congreso internacional, La Junta Suprema Central en Sevilla (1808-1810). Las primeras elecciones políticas en América Latina, en el que treinta historiadores de ambos lados del atlántico reflexionan sobre ese período y su relación tanto con las independencias que se sucedieron poco después como con los procesos políticos que siguen cuestionando y construyendo hoy la identidad nacional de Bolivia, Venezuela o la antigua metrópoli española.
España y Gran Bretaña ganaron a Napoleón y el absolutista Fernando VII recuperó el trono y en 1814 aplastó la primavera liberal nacida en Cádiz. Quizás “hoy estaríamos aquí hablando francés y habría un rey llamado José IV si no hubiera sido por la plata americana”, dice en bromas y verás uno de los artífices del encuentro, el profesor de Historia de América de la UPO Juan Marchena.
Su colega Juan Andreo, de la Universidad de Murcia, desgranó en una de las sesiones de ayer jugosos datos extraídos del Archivo de Indias que demuestran que la aportación monetaria de las posesiones americanas fue fundamental para que los patriotas españoles de la península pudieran reorganizar su ejército frente al napoleónico y pagar la decisiva ayuda militar inglesa.
Más del 56% de los recursos de la Hacienda metropolitana venía de América en los años de la unta Suprema Central, explica Andreo.
De Nueva España o México, cuyo aporte fue el más significativo entre las colonias, llegaron a Cádiz en barcos españoles e ingleses “60 millones de pesos fuertes entre 1808 y 1810, más del 45% de los donativos”. Da idea de lo exorbitante de esa cantidad el dato de que la ceca o fábrica de moneda de México era la mayor del imperio español (lo que equivale a decir del mundo) y acuñaba al año alrededor de 20 millones. “Nunca antes llegó tanto dinero en tan poco tiempo de América”. Las primeras remesas de pesos y alhajas las trajeron a Cádiz las fragatas militares británicas Melpómene y Diamante y el navío español San Justo.
Manuel Chust, de la Universidad Jaime I de Castellón, recordó cómo Joaquín Fernández de Leiva, que acudió de chile a la llamada de la Junta Central y fue brillante diputado en las Cortes de Cádiz, decía en 1812 con la Constitución ya casi terminada que ese gobierno de libertad que estaban creando era el fruto de una “revolución”. Sin ella, decía “se habría tenido por herético que la soberanía reside el pueblo, que los reyes no bajan del cielo y que un ministro puede ser apartado de la Corona para responder por sus actos”. Y todavía hoy hay dirigentes que, 200 años después, parecen no haberse enterado.
BICENTENARIOS
> Al Congreso de la Universidad Pablo Olavide (UPO) seguirán este año otros encuentros de historiadores en Bolivia y Ecuador coincidiendo con el bicentenario de las juntas Supremas que miembros de la élite criolla establecieron allí para asumir la soberanía popular en ausencia de Fernando VII, siguiendo el ejemplo de lo ocurrido en la metrópolis. La de Quito de 1809 fue disuelta ese mismo año por el virrey José Fernando de Abascal, que la acusaba de independentista. En 2010 se conmemorarán los bicentenarios de las Juntas de Chile, Venezuela y Colombia.
> El encuentro, organizado con el apoyo de la Consejería de la Presidencia y la Fundación Tres Culturas, se cierra hoy a las 21 horas en la Casa de la Provincia con una conferencia de José Carlos Chiaramonte, director del Instituto de Historia Argentina y Americana de Buenos Aires.