Pedro González-Trevijano. Autentica y sentida fraternidad, común y compartida historia, ganas de seguir viviendo y trabajando juntos, afectos y afinidades perennes. Éstas son algunas de las sensaciones que se despertaban en el acto institucional de conmemoración de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas presidido por los Reyes de España en la Casa de América. Una sede de encuentro, situada en el Palacio de Linares, que satisfizo su condición de lugar de acogida y convivencia entre pueblos hermanos y hermanados. Un evento donde se encontraban una amplia pléyade de personalidades de la vida política, social, económica y cultural de la comunidad latinoamericana.
Se exteriorizaba de manera solemne, y no folclórica, el pistoletazo de salida de los fastos del bicentenario. Una efeméride que es importantísima para España —¡hasta podría ser ocasión para reforzar nuestra identidad nacional y trasnacional!—, pero también para los antiguos territorios de la América española. Por más que atinar con su perfil y contenido específico no es una tarea sencilla. De aquí que, seguramente, lo único reprochable en tan pertinente celebración fuera la ausencia de un sólido hilo conductor. Está claro que no es fácil de articular, pero seamos positivos, y aunque las fechas se aproximan, todavía nos hallamos a tiempo de delimitar una acertada hoja de ruta.
Una efeméride que ha de fijar su atención hacia lo que verdaderamente importa: el futuro integrador entre los pueblos de España y América, en las áreas política, comercial y cultural; unos ámbitos donde España habrá de seguir desempeñando simultáneamente su papel de puente con Europa. Habremos así de aprovechar la oportunidad que nos brinda la asunción de la presidencia europea, en el primer semestre de 2010, con la celebración de la Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe. De aquí la relevancia de hacer hincapié en la educación, la investigación y la cultura, debiéndose hacer también un esfuerzo, en cualquier caso, y esto lo digo yo, en la defensa de las instituciones democráticas y en la protección de los derechos y libertades fundamentales.
Una labor no fácil, dado el incremento del caudillismo —en Venezuela, Nicaragua o Bolivia— en algunos países americanos.
Nuestros constituyentes ya supieron atisbar la trascendencia de mantener viva esta comunidad iberoamericana. De esta suerte, la Constitución de Cádiz de 1812 establecía que “la Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” (artículo 1). Mientras que hoy, nuestra Magna Carta de 1978 dispone que “el Rey es el Jefe del Estado […] asume las más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica” (artículo 56. 1). Unos cometidos satisfechos, con las inevitables disfunciones, en las consolidadas cumbres iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno que se desarrollan desde 1991. Y aquí deseo resaltar la acertada presencia de los Príncipes de Asturias —¡Don Felipe ha representado a España en cuarenta y ocho tomas de posesión en Iberoamérica!— quienes, en compañía de doña Sofía, se sentaban entre el público asistente para escuchar la intervención introductoria de Felipe González —en su condición de embajador extraordinario y plenipotenciario para el bicentenario— y demás ponentes de la primera mesa redonda sobre El futuro de la comunidad iberoamericana. ¿Qué podemos hacer juntos? Toda una muestra de finura política y saber hacer. Por delante, como nos apunta el libro publicado al efecto, Iberoamérica 2020. Retos ante la crisis, hemos de “introducir reformas que faciliten políticas incluyentes, con economías eficientes y socialmente justas.”
En fin, unas sensaciones que despertaron en mí el recuerdo de aquellos versos de Petrarca dirigidos a Laura, pero extrapolables metafóricamente al caso: “Cierto que sí, pero aún pido otra cosa:/que tú y tu dulce amiga, dulce amigo/ no os separéis jamás de nuestro lado.”
(19 de Mayo de 2009)
Pedro González-Trevijano es Rector de la Universidad Rey Juan Carlos.
Fuente: Cope.es Opinión
http://www.cope.es/19-05-09--espanoles-ultramar-7394-opinion