Concepto de Historia
Fue introducido por la ponencia de Guillermo Zermeño Padilla (México) titulada “Historia, Experiencia y Modernidad en Iberoamérica, 1750-1850”, en la que intenta realizar una síntesis comparativa de la evolución del término Historia y su relación con la formación de un nuevo espacio de experiencia caracterizado como “moderno”.
La transformación semántica de la historia entre 1752 y 1850 se puede dividir en tres etapas. En la primera, domina un concepto clásico de inspiración ciceroniana que entiende la historia como un género literario. En la segunda, impulsado por los movimientos políticos y sociales, se asimila a la historia nacional, con la ruptura con el pasado colonial y/o con el pasado no republicano, apareciendo otras narrativas históricas cuyo sentido está dado por un proceso abierto al futuro, un acontecer cuyo desenlace es desconocido por todos los participantes. Y en la tercera, se desarrolla lo que será una filosofía de la historia atravesada por las nociones de progreso y civilización.
Con respecto a la segunda etapa, con los procesos de independencia y los “300 años de opresión” se forma un nuevo espacio de experiencia conocido como “moderno”. Este cambio tuvo lugar entre 1808 y 1823, propiciado no tanto por un movimiento intelectual, sino por movimientos sociales y políticos que originaros la desarticulación de los imperios español y portugués. Los cambios políticos movilizan la transformación semántica de la historia, sin que exista una elaboración intelectual previa. A partir de 1808 con las Cortes de Cádiz, como efecto de la invasión francesa, en España se crea un nuevo espacio de experiencia con nuevos usos de la temporalidad.
Con la crisis del antiguo régimen aparecerá también la “historia contemporánea”, poniendo distancia con la experiencia de otros tiempos. Se considera el pasado como un objeto de investigación, pero ya no modela el presente; más bien se entiende que la edad presente está preñada de la futura, con lo que el hombre reflexivo puede pronosticas cuál será su suerte futura. Y a partir de 1830 aparecerá la historia filosófica y la filosofía de la historia estrechamente relacionada con el concepto de “progreso”.
A mediados del siglo XIX se entiende que la historia es la representación científica y literaria de los hechos que cambian el modo de ser de las naciones: los códigos penales y civiles y las Constituciones, que dan forma a los nuevos Estados. La historia sirve para informar a la sociedad del espíritu reformista. Aparecen entonces las historias nacionales, que implican la reconfiguración semántica del término “historia” y su redimensionamiento en el vocabulario político y social.
En el debate que siguió, se puso de manifiesto que se escribió historia con intención de comprender la crisis y los cambios (conciencia de la crisis), pero también se escribió historia para justificar política e ideológicamente determinadas actuaciones. La historia nacionalista enjuicia todo el periodo colonial, considerado oscurantista, y se usa con fines políticos para romper con España y la Monarquía, lo que perdurará bastante en el tiempo.
Aún más interesante fue en dicho debate, la expresión de la necesaria revisión histórica, y dentro de la misma, el interés por buscar las raíces de “lo iberoamericano”.