Concepto de República
El panel fue presentado por Georges Lomné con el título de “De la República y otras repúblicas: la regeneración de un concepto”. La síntesis transversal del profesor Lomné identifica tres etapas diferenciadas en el uso del concepto.
La primera, de 1737 a 1808 sufrirá una clara influencia de Thomas Paine, quien en 1791 contraponía República a Monarquía, aludiendo a la arbitrariedad de esta segunda frente al carácter de negocio público del primero, más allá de una mera forma política.
La visión de Paine contrastaba con el sentido peyorativo asociado al término en Estados Unidos, donde se identificaba con anarquía y caos. Por otra parte, en Francia, convive la visión de república con su dualidad de “cultura política plena versus forma política vacía”, citada a menudo como un anacronismo.
Todas estas diferentes visiones pueden encontrarse en las sucesivas incorporaciones a las acepciones que el Diccionario de Autoridades recoge a partir de 1737.
En América, como queda documentado para Colombia, en esta primera etapa el término se asocia a una radical modernidad.
A partir de la Revolución Francesa el concepto sufrirá una desvalorización que convivirá con una frecuente polisemia. Así, en el segundo periodo hasta 1823, se destaca la paradoja de constituciones americanas que no recogen el término para evitar la carga negativa. En el caso de Venezuela se adopta la expresión forma de gobierno republicano como gobierno de los pueblos y se mantiene la influencia del modelo federalista americano.
Destaca Lomné el encabalgamiento de imaginarios que se sucede durante estos años, asociando formas políticas federales con las antiguas comunidades de Castilla del siglo XVI.
Durante el tercer período, de 1823 a 1848 se produce el auge del federalismo frente a la deriva hacia un centralismo absolutista. A partir de este momento se producirá una creciente tensión entre la llamada libertad de los antiguos, representada por Bolívar, frente a la libertad de los modernos de las tesis de Constant.
Como se recoge en los trabajos, los turbulentos años 30 y 40 llevarán a la impresión de muchos de “repúblicas abortadas” en el continente. En los diferentes casos documentados se describe el paso hacia una república autoritaria, basada en criterios morales. La necesidad de una ética que impregnara la forma política conduce a repúblicas católicas y centralizadas.
Para el caso de España, el concepto unido a la idea de federalismo, retoma fuerza a la muerte de Fernando VII. En Portugal, la idea de una monarquía con instituciones republicanas, como “gobierno mixto” lleva a que en su Constitución de 1838 no se hable de Reino sino de Nación.
En 1852, tras el fracaso de Rosas en Argentina surge el debate en torno a la “república posible” frente a la “república verdadera”, tomando como referencia un presidencialismo inspirado en el modelo bolivariano combinado con la influencia “civilizante de Europa”.