Enrique V. Iglesias. Representa un honor para mí prologar este libro “Las Américas Insurgentes: Independencia-Integración” del ilustre economista, político y amigo Enrique Barón.
Como destaca mi también amigo el ex presidente español, Felipe González, Enrique Barón ha sido pionero de las relaciones internacionales entre España y la Unión Europea. Además de una larga trayectoria política en los años de la consolidación de la democracia española, desde su Presidencia del Parlamento Europeo realizó una intensa diputación docente e intelectual en aras de fortalecer los elementos de refundación de un continente.
Por su formación, su vocación y su visión esta obra hace un recorrido histórico, sociológico, económico y político en donde señala las importantes dimensiones que fueron forjando el espíritu insurgente de las Américas, que llevó a su independencia, a los procesos de interrelación actuales y a la oportunidad de avanzar hacia una tangente de integración, concebida ésta desde bases de eficacia y equidad.
Es una mirada culta y afectuosa, fruto del interés personal por la región y por su historia. Pero ese interés del académico no oculta la pasión del político y del reformador comprometido con un profundo sentido de la igualdad, la solidaridad, el desarrollo y la resistencia a la arbitrariedad y a la injusticia.
La importancia de este libro radica en la divulgación del conocimiento histórico dado a conocer con una visión crítica, reflexiva y prospectiva de lo que representa la dependencia-independencia a la que concurrieron históricamente los países iberoamericanos.
En cuanto a la dependencia de la América Latina, la enmarca en la Europa del Renacimiento y la expansiva cultura de reconquista territorial, y religiosa, en que se habían formado los imperios ibéricos, y cómo estuvo envuelta en la consolidación del Estado Nación.
Esta dependencia fue gestando movimientos insurgentes marcados por un fuerte carácter de transformación social –algunos de ellos productos de tristes, trágicos, inaceptables escenarios- y motivados por las ideas ilustradas sobre justicia social, libertad y democracia que penetraron en América y comenzaron a abrir una brecha con los principios del Antiguo Régimen.
Esta brecha trajo consigo la desintegración en América de los imperios español y portugués, y la conquista de una independencia política que supone el punto de partida inicial de nuestros Estados como entidades políticas soberanas e independientes.
El autor enfatiza, a lo largo del libro, junto con los movimientos insurgentes y fundacionales, la importancia del fenómeno de las revoluciones atlánticas, por la novedad histórica de la experiencia norteamericana, por la racionalización del diseño institucional y su adecuación a las necesidades prácticas de la coyuntura social y política. Y, también, por el debate sobre la ciudadanía, igualdad y poder popular en el marco de la Revolución francesa. Ambos representaron –en palabras del autor- unos “seísmos” que confluyeron y que dieron como fruto el encadenamiento fundacional y simultáneo de los países iberoamericanos.
Al mismo tiempo nos recuerda cómo las ideas del liberalismo británico, reflejadas en los escritos de Milton y Locke, y que tendrían su evolución posterior en la obra de John Stuart Mill, influyeron en la actitud política de nuestros próceres respecto al reconocimiento de los derechos individuales frente a la autoridad. Como también influyó en la América insurgente ese momento privilegiado en la ciudad de Cádiz, donde las Cortes allí reunidas alumbraron una Constitución que es uno de los documentos principales del espacio iberoamericano. Su espíritu y su texto recogieron unos debates históricos en la lucha por la igualdad y libertad, y contribuyó a generar en nuestra Iberoamérica el paso inicial hacia la modernidad.
Así, el nacimiento de las repúblicas iberoamericanas fue concebido también como parte del programa de libertades ciudadanas que debía dar origen a la sociedad y al Estado modernos. La creatividad política que acompañó aquellas convulsiones no pudo ser ajena a la idea de una América hispana independiente, cuyo destino era necesario definir incorporando toda la reflexión contemporánea acerca de conceptos como nación, republicanismo, federalismo, constitución, representación o democracia.
En el libro que el lector tiene en sus manos se incluye una extensa documentación de los muchos sucesos que han pasado desde entonces, en distintos escenarios y episodios históricos, y cuya perspectiva hace relevante la consideración de las independencias para resaltar los valores de libertad, de comunión histórica, lingüística y cultural, y de unidad; se hace relevante, también, para entender la gestación de ese espíritu de insurgencia y libertad en la pluriculturalidad y diversidad de nuestra compartida comunidad iberoamericana.
Todas las comunidades que formamos parte de la Ibero-América hemos contribuido positivamente a la conformación de una gran identidad plural y común, que se asienta en el gran proceso de mestizaje, cultural y racial, que ha vivido, y continúa experimentando nuestra región, y que se refleja en esa rica amalgama de cultura, idioma, migraciones, y formas de interrelación –social, económica y política- que nos identifican como comunidad singular.
Soy un convencido del papel histórico de Iberoamérica, y de este proyecto de vida comunitaria y de convivencia. Convencido de la necesidad de dar contenido a su presencia en el mundo y de aprovechar nuestra capacidad de cooperar en la construcción de sociedades más dinámicas y más justas socialmente, como producto de un desarrollo económico con sensibilidad social y con apego a los grandes valores espirituales que han sido muy queridos a nuestras tradiciones y a nuestra cultura compartida.
Tenemos una identidad ganada, y las conmemoraciones nos brindan la oportunidad de catalizar acciones encaminadas a proyectos, y metas, culturales, educativas, tecnológicas, sociales, ambientales, inclusivas, democráticas y de cohesión que mejoren nuestro porvenir.
Se trata de poner en el centro de nuestra acción los valores propios del hombre y la mujer iberoamericanos, valores mencionados en los episodios históricos de este libro que se conservan firmemente como el respeto por la dignidad del ser humano, la moderación en el impulso de dominación de la naturaleza, la concordia, la solidaridad, la cohesión social y la libertad.
Este llamado a fortalecer la identidad latinoamericana, en aras de robustecer la interdependencia iberoamericana, puede parecer un objetivo idealizado. Sin embargo, asistimos a una búsqueda de parte de ciudadanos y naciones de sus propias identidades, como países o grupos de países, para poder navegar en las tendencias globalizadoras del mundo moderno. La globalización nos ha demostrado potencialmente los enormes beneficios para la humanidad, pero también los peligros y conflictos que acarrea a personas y Estados. Fortalecer las identidades de nuestros países o de las afinidades de la vecindad, es una forma de transitar con pie firme en la anomia a que nos puede someter la globalización y de poner de relieve nuestros valores, tradiciones, culturas diversas como base sólida, inspiradora de nuestro futuro.
Por ello, miramos el Bicentenario con visión de futuro y con la misión de actualizar, positivamente, el gran legado de nuestra historia compartida, orientados a la democracia, al desarrollo y a la superación de los déficits sociales que nos han lastrado históricamente. Y ojalá conseguir que la conmemoración de las Independencias constituya un catalizador para que la Comunidad Iberoamericana de Naciones dirija ese espíritu de libertad e insurgencia, que este libro plantea, hacia el camino de la paz, el progreso, la justicia social y el proceso de integración de nuestras sociedades en el presente siglo.
Nuestra comunidad de naciones, naciones que entraron tarde a la modernidad, se encuentra hoy, quizá con mayor intensidad que otras épocas, con la posibilidad de contribuir con la dignidad de los valores que dan sentido a nuestra vida, como individuos y como pueblos, a la humanización de la sociedad internacional.
Esta obra es un reflejo de esa evolución de las Américas –Latina e Ibérica- en el mundo a través del proceso de desarrollo de una Comunidad que identifica con brillantez las claves de su superación y los retos y oportunidades que nos deparan.
Este libro tiene, por ello, mucho mérito divulgativo, y felicito a su autor Enrique Barón Crespo, pues estoy convencido de que servirá para comprender mejor el pasado y, más importante aún, para impulsar el presente e inspirar el futuro.