Comisión Nacional para la Conmemoración de los Bicentenarios de las Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas

Autor 

Mauricio Vargas Linares:

Nació en Bogota, en 1961. Se inició como reportero en El Heraldo, de Barranquilla. En 1982 fue periodista visitante de Libération, de París, y El país, de Madrid. En 1983 se vinculó a Semana como reportero, luego fue jefe de redacción, de 1984 a 1990, y director, de 1992 a 1997. En 1990 fue consejero de comunicaciones del presidente César Gaviria, y entre 1991 y 1992 ministro de Comunicaciones. En 1997 asumió la dirección de noticias de Radionet, y en 1998, la dirección del noticiero de televisión CM&. Entre 1999 y 2007, fue director de la revista Cambio. En 1993 publicó Memorias secretas del revolcón. Y en 1996 con Jorge Lesmes y Edgar Téllez, El presidente que se iba a caer. En 2001 ganó el Premio Planeta de Periodismo con Tristes Tigres. También, en ocho ocasiones, el Premio de Periodismo Simón Bolívar. En 2004 publicó su primera novela, La pesca del Delfín, y su segunda novela, La última vida del Gato, en 2007. Actualmente es columnista del diario El Tiempo.

 

El Mariscal que vivió deprisa 

 

Premio Bicentenario
Telefónica Planeta 2009


Título: El Mariscal que vivió deprisa

Autor: Mauricio Vargas Linares

Escribir una novela sobre Antonio José de Sucre —el Gran Mariscal de Ayacucho, “el rival de mi gloria”, según Bolívar— debe ser una empresa de locos, un desfiladero abismal como por el que se volcaron, durante años y con las uñas, los patriotas colombianos para arrebatarle su suelo a España.

Pocos personajes de nuestra historia, como Sucre, encierran en su destino una fuerza poética tan profunda, una vida en que los días están sellados por el cordel de la literatura.

Pero Mauricio Vargas está curtido en los más ásperos desafíos —toda una vida dedicada al periodismo no pasa en vano, y menos si se ejerce desde la lucidez, esa escasa virtud a la que le huyen por igual nuestro país y nuestro tiempo— y esta vez el resultado no podía ser mejor. Con un estilo trepidante que va entrelazando las voces narrativas de la tercera persona todopoderosa con la primera del refrán y la confesión, con una erudición sin límites y una gran precisión histórica, Mauricio escribió una novela magistral sobre Sucre, y en ella, de un solo golpe, aprendemos varias lecciones que caen muy bien en un mundo tan confundido como el nuestro.

La primera de ellas, que toda vida es una novela y que la historia ocurre sólo cuando quien la vive va cabalgando (a veces en mula) sobre el lomo de la poesía. La segunda, que los héroes de verdad, como el Gran Mariscal de Ayacucho, están hechos por la flaqueza y la ternura, y sus días se suceden por igual en los campos de batalla y en la infamia que los acecha, como sombras; en el cuerpo sin vida de una niña, sobre las piedras del patio de una casa colonial, y en la pampa de Ayacucho, entre los picos, mientras los hermanos se abrazan antes de cruzar su acero y morir, los unos por España; los otros, también. Con la espada en las manos de la derrota; la misma que irá guiando el camino hasta Berruecos.

La vida de Sucre fue una tragedia en el sentido clásico del término, y eso se siente desde la primera línea de esta novela conmovedora. En eso consiste la tragedia: en la certeza que cargan los espectadores, del destino contrariado del héroe. No se me ocurre una prueba más difícil para un novelista, y Mauricio Vargas la superó con maestría.

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